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Vivir con dolor no solo limita el cuerpo; también agota la mente y el espíritu.
El dolor crónico es una carga invisible que muchas personas arrastran en silencio. No se nota, pero está presente en cada movimiento, en cada decisión del día. A largo plazo, no solo afecta físicamente, también altera funciones tan esenciales como la concentración, el ánimo y el descanso.
Cuando el dolor se vuelve parte del día a día, el cerebro entra en un estado de alerta constante. Eso agota nuestras reservas emocionales, afecta nuestra memoria, reduce nuestra productividad y puede incluso desencadenar ansiedad o depresión. Además, el insomnio se vuelve un visitante frecuente: dormir bien con dolor se convierte en un reto constante.
Pero vivir así no debería normalizarse.
Escuchar al cuerpo es el primer acto de autocuidado. Muchas veces postergamos la consulta médica por falta de tiempo, por miedo o porque aprendimos a “aguantar”. Sin embargo, cuanto antes se identifique la causa, mayores serán las posibilidades de recuperación, alivio o manejo efectivo.
Si llevas tiempo viviendo con dolor, no esperes a que se vuelva parte de tu rutina. Agenda una consulta con un especialista. Tu bienestar merece ser una prioridad.





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